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El Paquete

Autismo, Fútbol, Personal

Hoy ha sido el primer día de entrenamiento de mi hijo pequeño. Muy a mi pesar: Fútbol. Lo confieso: cada vez me gusta menos el deporte rey español. La Liga, las categorías inferiores, los padres gritando en la grada como si el Mundial dependiera de un niño de ocho años y qué hacen ojeadores para ver a niños de 4 añitos(..) No me gusta este fútbol.

Un amigo me dijo hace poco algo que no había oído nunca: “Si volviéramos a jugar en tierra, habría menos niños jugando… pero serían mejores.” Quizá tenga razón. El barro te enseña más que el césped artificial: te enseña a levantarte con las rodillas sucias y la dignidad más o menos limpia.

Mi pequeño Valentín fue el jueves pasado a su primer entrenamiento. Bueno, mejor dicho, al entrenamiento de prueba, a ver si le gustaba o no.

La prueba era en el equipo Genuine del Paquete de Jerez. No, no es ningún cantaor, ni el apodo de ningún actor venido arriba, “El Paquete” es un club con 25 años de historia, una cantera humilde y una alegría que no cabe en el marcador. Me lo recomendaron Adrián Otero, de Librería Laberinto, y Diego Castillo de la Federación Andaluza de Fútbol.

Fuimos en autobús al campo, así será siempre si Valentín acepta esto del fútbol. Ya lo sé, sigo siendo un desastre. Continúo sin carnet de conducir pero eso no quita que no tenga licencia para emocionarme cada vez que mi hijo se atreve con algo nuevo.

Cuando llegamos, Valentín se presentó a Guillermo, su entrenador, y a Sergio, el segundo. En tres minutos ya estaba corriendo detrás de una pelota, esquivando conos y riéndose entre órdenes y colores. No necesitó adaptación. Solo aire libre y una pelota.

Mientras lo observaba, un padre me contó que su hija, gracias al fútbol, había conseguido volver al Estadio Chapín después de once años alejada del ruido. Once años. ”Y no veas cómo se enfada si llueve y no hay entrenamiento”, me decía sonriendo. No le pregunté a qué Xerez iba. Me daba igual. No hacía falta. En ese momento, la camiseta no importa de tu equipo no importa nada: una niña había vuelto a celebrar algo, aceptaba el ruido, y lo hacía junto a su familia. 

El entrenamiento terminó a las siete y media. Se abrazaron. Formaron una piña y ahí entendí lo que significa Genuine: jugar sin miedo al error, sin gritos, sin notas, sin medallas. Solo por el placer de pertenecer, jugar y hacer. 

Mi pequeño se durmió temprano, rendido y feliz, como hacía tiempo que no dormía. El martes vuelve a entrenar con El Paquete.

Y sí, lo único que me da coraje es que visten de amarillo ;)… pero qué le vamos a hacer: hay cosas mucho más importantes que los colores.

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